Fallo de sistema

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Fallo de sistema

Vicente Almenara 23.09.2018 | 05:00

Los casos de violencia de la mujer apenas se estudian -nadie los subvenciona- pero todavía no se censuran y aparecen en los periódicos casi todos los días. Aquí en Málaga, por ejemplo, me encuentro hace unas fechas con una detenida por dar una paliza a otra mujer y pasarle por encima con la moto, y todo por celos; u otra esposada por agredir e intentar apuñalar a la actual pareja de su ex. Un poco más lejos, EEUU, está Nancy Crampton-Brophy, a quien le ponen los grilletes porque la chica, escritora, fantaseó en su blog sobre cómo cometer el crimen de su esposo, y llegó hasta el final. Las víctimas españolas no tenían protección policial, claro, ni las agresoras una pulsera con geolocalizador, ni había órdenes de alejamiento. Eran víctimas distintas.

Es tan fuerte como el incumplimiento de la ley en Cataluña, y nadie le pone el cascabel al gato, lo digo en el Mesón Ibérico en compañía de mi querido amigo el senador Joaquín Ramírez. La Alta Inspección del Estado se lo ha advertido a la ministra portavoz, Celáa, pero ésta dice que es censura cambiar los libros de texto que ignoran nuestra historia y envenenan de odio a los niños contra España. Qué argumentario contra la verdad tiene la ministra. Mientras, Goebbels se sonríe desde el infierno.

Sin ir más lejos, el Colegio de Médicos no se pone de acuerdo con la Junta en cuanto a la contundencia necesaria contra los agresores del personal sanitario. La Junta no tiene un euro para médicos, menos para seguridad, pero marea la perdiz y los médicos ya están dolorosamente hartos. Esto lo arregla Teresa Rodríguez, que será cabeza de lista por Málaga. La coordinadora general de Podemos y candidata a la presidencia de la Junta evita así Cádiz, sin importarle si tiene algo que ver con Málaga, cunera ella. Pero más fuste tiene el boom de Ciudadanos, que le exige a De la Torre eliminar las plusvalías por herencia y amenaza con bloquear los próximos presupuestos, y así ya hace campaña de municipales, que de eso se trata, y se zafa de la entente cordiale mantenida hasta ahora con el PP. Juan Marín hacía lo propio, pero con Susana, hace unos días. Estoy deseando ver ya muchas calles levantadas y las carretillas llenas de adoquines, Paco, rotas las aceras, anunciando así las elecciones a cincel y martillo, qué imagen cada cuatro años.

Y para quienes no se enteran, multa de 5.350 millones a Visa y Mastercard por pactar precios. Es la lucha del propio capitalismo contra los monopolios, se lo tengo que decir a mis amigos del Club de los Viernes, especialmente a Christian Romero. Y es que los ricos también lloran, aunque el populismo no se ocupa de ellos. Y dice mi interlocutor, desde la planta quince del Málaga AC, que en la inmensa mayoría de los países nadie se muere de hambre, que hay más seres humanos en peligro de morir de obesidad que de inanición. La conversación es muy interesante entre dry martinis. España es un tubo de ensayo de los nacionalismos pero también de políticas de género, lgtbi, inmigración ilegal, lo políticamente correcto, y eso que esta civilización nos ha dado un bienestar que no es conocido en ninguna otra parte del mundo. Pero ahora se suicida lentamente. Ya lo decía la valiente Oriana Fallaci en sus últimos días desde su piso acristalado sobre Manhattan mientras moría de cáncer. Y en nuestra guerra civil, España también fue un campo de experimentos para la segunda guerra mundial. Ni Francia, ni el Reino Unido, ni Alemania€ permitirían lo de aquí. Entre otras razones, GB se va de la UE porque no le gusta lo que ésta hace ni lo que no hace. La UE está aquejada de Alzheimer. Se ha producido un fallo de sistema.

Pero con lo que de verdad hemos disfrutado esta semana es con la comparecencia de Aznar en la comisión del Congreso, qué paliza a Iglesias y Rufián, que lo esperaban tras la esquina, esto levanta la moral, nada que ver con Rajoy, Soraya y sus cortesías parlamentarias. Ahora falta Casado. Está y se le espera. El gran José García Nieto escribía de Dios así:

Porque estás tan en todo, y yo lo siento,
que, más que nunca, en la quietud del día
se evidencian tus manos y tu acento.
Diría muerte, ahora, y no se oiría
mi voz. Eternidad, repetiría
la antigua y musical lengua del viento.

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Author: Cristina Herrera